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La elección de una carrera universitaria


Existen muchas decisiones que condicionan nuestras vidas. Muchas de ellas pueden ser equivocadas y otras acertadas, pero pocas decisiones, en el acierto o en el error, pueden incidir tanto en nuestro futuro, como las que tienen que ver, con la elección de estudiar una carrera universitaria.

En los siglos XVII, XVIII y XIX el poder en el mundo estuvo centrado en la fuerza de los ejércitos. Fue así que a través de él se independizaron y se sometieron muchísimas naciones. A partir de la segunda mitad del siglo XX, el poder tomó otra forma y se centró en las decisiones de naturaleza política. Ya entrada la década del 80, con el desarrollo extraordinario de la informática, el poder comenzó a centrarse en la tecnología.
Y hoy ya no quedan dudas, que el siglo XXI se ha consolidado como el Siglo donde el poder reside en el conocimiento. De esto ya nadie tiene dudas. Consecuentemente quienes tienen el conocimiento, tienen el poder de realizar aquellas acciones, que les permite desarrollar a plenitud sus vidas.

Nos preguntamos entonces, ¿qué sentido y por qué razón estudiar una carrera universitaria?. La explicación es simple, pero no es conocida por todos. Una carrera universitaria es una extraordinaria oportunidad para obtener conocimientos, destrezas y valores, que nos permitan desarrollar una actividad con idoneidad, con eficacia y eficiencia. Una carrera universitaria, es por lo pronto, lo que permite establecer una enorme diferencia entre los jóvenes que acceden a ese nivel de estudios, con los jóvenes que solo terminan el bachillerato.
En términos de posibilidades de inserción laboral, mientras estos últimos en el Uruguay padecen de un desempleo de un 20% (que felizmente ha ido disminuyendo con el paso del tiempo), los primeros padecen apenas un 2% de desempleo, en términos promediales, lo que les da 10 veces más posibilidades, de acceder a un contrato de trabajo, que resuelva o ayude a resolver, buena parte de sus dificultades financieras.

Estudiar una carrera brinda conocimientos, para manejarse con idoneidad en un mundo cada día más complejo en materia de tecnología y de recursos, al servicio de la vida de la gente. También permite el desarrollo de competencias (destrezas) que son la forma de resolver determinados problemas, de manera práctica. Pero lo más importante, es que una carrera universitaria posibilita el desarrollo de una serie de valores que tienen que ver con el funcionamiento del mundo moderno (cultura de trabajo), que ayudan enormemente al sujeto a comprender como funciona la sociedad, como se genera el dinero y cuales son los atributos, los valores y las destrezas más requeridas, para poder desarrollarse de una manera más exitosa.

¿Es por tanto la concreción de una carrera la solución a todos nuestros problemas? Por cierto que no, porque puede la persona tener una extraordinaria habilidad para llevar adelante cualquier tipo de disciplina, y no ser exitoso, si no cuenta con determinadas facultades cognitivas y axiológicas, que le ayuden a utilizar esa formación y ese conocimiento, en beneficio propio y en armonía con el beneficio de la sociedad. Pero si bien no resuelve todos los problemas, es de gran ayuda para comenzar a resolverlo. Una carrera universitaria, es por tanto una apuesta, a través de la cual, procuramos un futuro y una vida mejor.

Por tanto, en estos tiempos de turbulencias e inestabilidades de las economías del mundo, donde no existe la seguridad laboral, ni siquiera en los países más ricos del mundo, donde no se garantiza la estabilidad ni siquiera en las empresas más extraordinarias del planeta, el poseer una profesión es un activo que no tiene precio, y seguramente será la brújula que te permitirá encontrar el norte, en un mar tan enfurecido, como el que hemos vivido en los últimos lustros. Para finalizar esta sección te hacemos saber que las diferencias entre las naciones ricas y las naciones pobres, no están en las riquezas de sus territorios, ni en las características de sus geografías, ni en la extensión de sus historias, a lo largo del desarrollo de la civilización moderna.
Solo están dadas por el nivel educativo de su gente. Solo ahí residen las grandes diferencias. Mientras los países pobres todavía tienen endémicos niveles de analfabetismo, alta deserción escolar básica y secundaria, y niveles muy bajos de poblaciones con niveles de educación universitaria, los países ricos, no tienen analfabetos, logran que más del 70 por ciento de los jóvenes completen el bachillerato y que accedan a tasas de educación de nivel superior (terciario), por encima del 25% de su población.

Si decides participar de este proyecto te invitamos a leer el próximo artículo, donde te mencionamos los ingredientes que consideramos debes tomar en cuenta, a la hora de definirte.

Lic. Martín Marzano
Presidente del CODIR-UNIFA